El Coaching es el arte de apoyar el desarrollo de nuevas y mejores prácticas que hacen a alguien mejor persona. Esta definición de por sí comunica de manera muy efectiva la profunda vocación de un coach de servir al otro.

Una de las grandes habilidades que un coach debe demostrar, sea éste jefe o profesional,  es su enorme capacidad de escucha. Un coach habla poco, pregunta y escucha mucho. Existen tres niveles de escucha siendo el tercero de ellos el que hace la comunicación más efectiva:

  • El primer nivel es el escuchar al interior de uno mismo. Escuchamos las palabras de la otra persona, pero nuestra atención está puesta en el significado que ellas tienen para nosotros. Nos enfocamos en nuestros pensamientos, juicios y emociones. La pregunta es: ¿qué significa esto para mí? Se tiene un enorme deseo por obtener más información. La narrativa interna está al máximo nivel. Estamos pensando en la próxima frase que diremos y/o en la “pregunta perfecta”.
  • El segundo nivel de escucha es cuando estamos enfocados en la otra persona: En su postura, sus palabras, sus expresiones, sus emociones. Nos damos cuenta de lo que el otro dice y de cómo lo dice. Logramos captar sus quiebres emocionales, sus expresiones de alegría, lo que valora. Tomamos conciencia de la perspectiva desde la que el otro mira. El coach actúa de espejo, reflejando y devolviéndole al coachee lo que recibe de él o ella. Aquí estamos al máximo nivel de empatía, clarificación (“chequeamos” permanentemente lo que percibimos) y colaboración. En este nivel de escucha decidimos qué responder y cómo responder.
  • En el tercer nivel de escucha: El coach está consciente de lo que ve, lo que escucha, lo que siente y lo que huele. Está presente para la acción, la inacción y la interacción. Es la escucha desde la intuición, desde lo no observable y el uso de esa información para reflejar la experiencia con el coachee. Es la confianza en todos los sentidos. Es la escucha desde el soma: intervienen el cuerpo, la mente, la emoción y el espíritu al escuchar.

El primer paso para la escucha activa es la curiosidad y para ello el coach hace preguntas poderosas que hacen reflexionar al coachee.  Cada pregunta impacta de manera distinta dependiendo del momento reflexivo en que se encuentra la persona. Lo importante no es lo que pregunta el coach si no lo que responda el coachee. El coach tiene que estar presente para identificar la pregunta más adecuada dadas las circunstancias emocionales, las posturas corporales, el lenguaje verbal y no verbal del coachee.

Un coach ayuda a la toma de conciencia. Lo hace utilizando herramientas, preguntas, hipótesis y dando feedback que ayudan al coachee a descubrir creencias limitantes detrás de aquellas prácticas que le impiden ser mejor persona; a tomar conciencia de algunos patrones o sistemas mentales, emocionales, espirituales y corporales destructivos e inclusive auto destructivos. La toma de conciencia es el primer paso para el cambio y la transformación.  Sin toma de conciencia, la persona no sabe por qué tiene que cambiar, ni para qué.

Un coach efectivo tiene la capacidad de expresar lo que piensa y lo que siente y servir de espejo del coachee. Tiene la capacidad para reflejar y entablar conversaciones difíciles sobre el desempeño y las conductas poco apropiadas o que le pueden llevar a espacios de inefectividad al coachee. El coach tiene la capacidad de dar feedback constructivo para ayudar a la toma de conciencia y la mejora en el desempeño del otro.

Sólo en un afán de servir al otro es que la comunicación puede ser tan honesta. Esa honestidad hace que la comunicación sea la más efectiva: el Coaching la genera.

Fernando Gil Sanguineti

Presidente, Asociación Peruana de Coaching

Managing Partner, Jamming Escuela de Coaching y Desarrollo Organizacional