Cuando el coaching llega a tu vida, suele presentarse de la forma menos pensada, algunas veces a través de alguien cercano y otras a través del impacto visual de los medios. Pero sea como fuese, si tienes el valor de abrirle la puerta y dejarlo entrar a tu vida, la transformará y vaya de qué manera.

Eso me paso a mí en el 2015, ese era un año de cuestionamientos y tribulaciones para mí, de esas en las que uno se cuestiona cada cosa que hace y todo pasa por el agudo lente del escrutinio, de la aguda crítica y muchas veces de la flagelación.

Es en ese preciso momento, cuando llegó a mi puerta el Coaching, disfrazado de amigo, de conejillo de indias, de elemento mágico y hasta revelador, que me ayudó a ver las cosas de manera diferente. Y no es que no fuera capaz de hacerlo, sino que padecía de una ceguera inconsciente, no sabía o no me daba cuenta de lo que me sucedía.

Tiempo después pude darme cuenta de que mi diagnóstico era simple pero complejo, era muy mío pero masivo, era inquietante pero tranquilizador, era real pero etéreo, era la simple ausencia de un sentido de propósito y la carencia de objetivos para lo que quería hacer de mi vida.

En ese momento, era difícil pensar en tomar decisiones arriesgadas y necesarias para transformar mi vida. Pero es ahí en ese preciso momento y lugar, donde el Coaching empezó a hacer su magia en mí. Es en ese preciso momento y lugar, donde las “preguntas poderosas” de mi Coach comenzaron a retumbar en mi cabeza, una y otra vez, hasta lograr la tan anhelada “toma de conciencia”.

Demás esta decir que en más de una oportunidad me sentí invadido por las “creencias limitantes” disfrazadas de miedo, que obligaron a retroceder, que en más de una oportunidad llenaron mi mente de dudas e indecisiones, en más de una oportunidad dudé de la eficacia de las intervenciones de mi Coach y en más de una oportunidad tuve la irme intención de patear el tablero. Pero es en ese preciso momento donde el ¿qué vas hacer?, ¿cómo lo vas a hacer? y ¿cuándo lo vas a hacer?, retomaron vital importancia en mi vida y me reconectaron con lo más profundo de mi ser “mis sueños, mis objetivos de vida” y que al no hacer nada por alcanzarlos, no solo renunciaba a ellos, sino que en el fondo renunciaba a mí mismo.

Habiendo pasado ya varios años de haber decidido comprometerme con el Coaching, debo decir que veo realizarse frente a mis ojos y poco a poco, cada una de las etapas del sueño que tenía trazado para mí y es muy probable que en el camino decida reescribirlos (mis sueños), porque en este momento siento que no soy el mismo, siento vivo en un permanente desarrollo, en una permanente transformación.

Si esto hizo el Coaching por mí, imagínate lo que puede hacer por ti, ¿Cuéntanos?

Miguel Rosazza
Vicepresidente de APCO
Coach Internacional